Si llevara la cuenta de cuántas sonrisas se me han escapado de solo fantasearlo. Y cuántas bellas canciones han estado de fondo, como banda sonora, para presenciar esos momentos de humo.
Mi nostalgia es como un buen abogado, al que le deniegas un caso, pero no parará hasta encontrar una forma de llegar a su fin, sin usar los medios que le has prohibido.
Han sido tantas las formas en que imagino que nos encontramos... siempre es casualmente, y siempre me detengo a verte a los ojos y se me para la respiración.
A veces pienso que estaré bailando en una disco, y llegarás, con un par de tragos que te han dado valor, y simplemente me abrazarás por detrás, y me taparás los ojos. Pero yo reconocería tus manos. ¿Ves?
Otras veces pienso que en algún centro comercial, o en un restaurante, tu llegarás a saludarme. Y seré como mantequilla cortada por un cuchillo caliente, que se derrite al suelo sin poner resistencia alguna.
Mi sonrisa me delatará ante todos y al darte un abrazo disimulado no querré soltarte. Y querré llenar mis pulmones de tu aroma, para que nunca se me olvide. Y te daré un pequeño beso al cuello, aunque me vean, aunque los demás nos vean. O aunque te vean.
No resistiré al ver tu sonrisa, que es la más bella del mundo, y tu mirada desviarse al suelo, en algo que aún no logro descifrar pero creo que es una herramienta de seducción disfrazada de timidez.
Y soñar todo esto no sería tan malo, si no sospechara que si es que te vuelvo a ver, lo que veré será indiferencia, y lo peor, es que creo que fingirás esa indiferencia en defensa por creer que para mi eres ya totalmente indiferente. Si supieras que es todo lo contrario a eso. Si pudieras ver que eres mi estandar para todo, y todo me recuerda de tí, y que a veces creo verte, y aunque sé que no eres tú, no puedo evitar morderme los labios o tronarme los dedos.
A veces, frente a mí mismo, me quito el antifaz de indiferencia y frivolidad, y me dejo ver esta herida, porque reconocer que aún siento algo por tí, es darle un revés a mi orgullo y poner el dedo en la llaga que me recuerda que no soy tan fuerte. Esa misma llaga que me recuerda que una vez fui derrotado, que yo no salí ganando.
Talvez a este niño que llevo aún dentro, una vez olvidaron decirle que no siempre se gana, que a veces, inevitablemente tenemos que ceder, y que el mundo sigue y que pronto recordaremos esa derrota como apenas nada.
¿Pronto? En verdad eso espero.