Ver llover implica la ventaja de que se disfruta del fenómeno, pero sin mojarse, te sientas en tu silla, en tu cama, al otro lado de la ventana, donde estás seguro, y ves como esas diminutas gotas de agua insisten en fecundar la tierra, topandose muchas veces con nada más que la fría acera que en vez de recibirlas, las repele. El ruido acaricia los sentidos, y la frescura o el frío te hacen suspirar por un abrazo.
Luego alguien afuera sale de su auto, entre sorpresas y risas, buscando la entrada de un lugar seco a donde abrigarse. -Te has mojado. -No es tan malo, está rica la lluvia.
¿No es tan mal? ¿Cómo puede decirme que no es tan mal, si yo mismo antes me he mojado? Yo se bien que es mejor ver solamente la lluvia, pero evitar, siempre evitar que te mojes.
Un día, después de pasar muchos días solo viendo la lluvia, años de lluvia, y a veces hasta siendole indiferente, decidí que esa chica tenía razón: "No es tan malo", y decidí borrar los recuerdos de esos aguaceros y tormentas que le decían a mi mente que estar a salvo implicaba cero lluvias.
Salí a la calle, sin paraguas, apenas con ropa, y descalso, miré hacia el cielo y extendí los brazos para hacerle saber a la lluvia que era bienvenida, toda vez fuera lluvia auténtica, de la que sí mojara, fuera húmeda, y lo principal, cayera del cielo insistentemente. No tardaron las primeras gotas en caerme, las cuales fueron bienvenidas, aunque no eran muchas, y yo me cobijaba bajo un arbol, con un poco de temor resagado, para no recibirlas todas, y dudando aún de su autenticidad.
Más adelante esas gotas de lluvia cayeron en mi boca, y las sentí deliciosas, acariciaron mi cuerpo con más insistencia, y las contemplé mientras interactuaban en mi piel, tratando de interpretar lo que al parecer era la danza del cariño.
Abandoné el árbol, y me desnudé el pecho, con toda valentía, regresé al medio de la calle, y me resigné a dejarme querer por esas gotas tan insistentes y que otros talvez podrían no apreciar, pero para mí en ese momento eran diamantes.
Después de unos días, las gotas ya no caían tan insistentes, pero yo aún permanecía con los brazos abiertos dejandome querer, perdido por completo el miedo y aceptando que entre los pormenores de esta vida tambien pueda existir, a estas alturas, un poco de amor.
Las gotas ahora casi no caen, y mis brazos se han entristecido y ahora caen, por su propio peso, y por el de la decepción, que es más fuerte. Una u otra gota que veo venir, las atesoro, y suspiro por esos no tan lejanos dias en que eran milles y millones, y me hacian creer en que a la lluvia y al amor estaba bien recibirlos, que no resultaba desastroso su efecto, sino fecundaban la tierra y el alma.
Ahora suspiro por esas gotas que al parecer ya no quieren caer, y me pregunto, ¿Porqué cayeron? ¿Porqué sobre mí? ¿Porqué volví a creer? Se está más seguro seco. Si bien la vida sin amor es vacía, no se padecen al menos, los males que implica no tener los pies sobre el suelo.
Ahora la incertidumbre me mata, y a cada gesto tuyo le busco una interptetación posible, de amor o desamor. Me recuerdo a mí mismo, sentado al otro lado de la ventana, viendo llover, muy tranquilamente, aunque sin este sentimiento que me revienta el pecho, y llorando, quisiera regresar a la seguridad, pero ahora estoy desnudo y me he mojado por completo, ese lugar, al menos por ahora, no será para mí.
Solo espero que tus palabras no hayan sido mentiras, y que en verdad me quieras, y que el cese de la luvia sea momentáneo y tenga una explicación.
Me deseo mucha suerte.

Muy bien!! esa es la vida, arriesgarse, desnudarse, salir de lo seguro, sentir que viviste y aunque te decepcionaron aún sigues con vida para esperar otro aguacero otro más potente que de un vuelco a tu vida¡¡ posiblemente para bien...quizás para mal pero al fin y al cabo ..de eso se trata¡¡¡
gracias por tus comentarios Maralex, eres bienvenido. Arriesgarse implica en su significado correr un riesgo, del que muchas veces no es posible salir ileso, y supongo que tienes razon, que de eso se trata, porque no debemos irnos a nuestra tumba con el area de anécdotas vacías, y si algo me ha dejado esto, han sido anécdotas, las que a veces trato de compartir con la coctelera, y con quien quiera leerme. feliz fin de semana. Theboy