¡Te juro que lo quiero, y hasta te podría asegurar que lo amo! ¡Esque lo que siento por él no lo he sentido por nadie!. Palabras de mi ex Entre comillas Rodolfo, para describir sus sentimientos hacia el que ahora era su pareja, con el que por cierto había empezado una relación cuando aún estaba conmigo. O sea, ¿Qué pretende conseguir diciendome que lo quiere tanto? ¿Darme celos? ¿Encabronarme?. La verdad es que a Rodolfo lo quise, y lo quise bien, pero ahora que hago un recuento de cómo fué todo con él, no sé porqué pude fijarme en alguien como él; resulta ser una de esas relaciones que por verguenza uno no le cuenta a sus amigos, o al menos no con detalles. O sea, gracias a Dios que nunca anduve con él en lugares donde gente que me conoce pudo haberme visto. Dios me libre. Pero en esos momentos uno siente que ese es el indicado, y que la opinión de los demás solo es un obstáculo llendo de envidia que tratará de separarnos. Que nooooo. Nada de envidia. Solo es lógica.
Luego me da como cólera y así, porque a mí no me dijo que me quería, no de esa manera. Es decir, sí me lo dijo: me agarraba la cara con las dos manos y me decía que le gustaba miles y que lo volvía loco, pero, nunca me lo dijo tanto. O más bien, uno nunca se cansa de escuchar eso, y esa es la clase de cosas para las que nunca es demasiado.
Lo que nunca hice fué conocer al tipejo con el que andaba, es decir, el que me suplantó. Me gusta hacer eso porque siempre resultan ser unos intentos de persona, o sea, ni a mis talones, pues.
Poiblemente estén llenos de buenos sentimientos y sean diestros en la cama, pero en este mundo superficial, todos te juzgan por cómo te ves, y ha de ser por eso que me lo esconde, obvio.
Y es que a veces creo que la superficialidad no es inmadurez, pero cuando la mayoría de las relaciones parecen desembocar en el mismo abismo, qué mejor antídoto que ser deseado pero que no te toquen, tal como Dios ordenó con la fruta prohibida.
Y no me juzguen de superficial entonces, pero son las experiencias las que me hacen no interesarme como antes en alguien; y luego dicen: lindo pero hijueputa, se cree inalcanzable. Nada más falso, es solo que es más seguro ver la jugada desde la comodiad de una vitrina, y de paso los demás te admiran.