¿Quiere probarla? ( parte VII, años después )
Pasaban veinticinco minutos de las dos de la tarde, él iba con casi media hora de retrazo a la segunda jornada de su trabajo, con pena y con prisa, pero justificandose en la mente con el hecho de que otras veces había hecho horas extras que no le habían reconocido. Si me dicen algo por llegar tarde, les voy a recordar del sábado recienpasado que tuve que venir cuando no era mmi obligación. -Se decía, mientras esquivaba a las personas que caminaban en la acera de la cuadra que lo dividía de su oficina.
Hacía casi cuatro años que había dejado el trabajo en la tienda de electrodomésticos, por que aunque le gustaba mucho su trabajo y le traía satisfacciones, siempre quizo un trabajo en donde estuviera en un escritorio y usara una corbata. Pocos tenían un trabajo así en ese pueblo, y él había conseguido el suyo.
Su mirada se topó con una espalda ancha, que vestía una polo azul y unos jeans azules un tanto gastados. El jóven reconoció a medias la postura, esa forma especial de la espalda que le impedía terminar de recorrer los pocos metros que le separaban de la puerta de su oficina. Reconoció también el corte de cabello que en poco había cambiado de la persona que estaba frente a él. Era él. Era el cliente de hace algunos años allá en la gran tienda. Estaba de epaldas al jóven, abriendo el compartimiento posterior del camión del que al parecer estaba a cargo. Sacaba mercaderías, no se distinguía adentro en lo oscuro del vagón si eran alimentos o bebidas, pero definitivamente eran productos comestibles para entregar a los restaurantes que se ubicaban en la exclusiva zona donde se hallaba el nuevo trabajo de nuestro protagonista.
La reacción del jóven fué agachar la mirada y tratar de que no lo reconociera, porque, aunque le había impactado en buena manera el volver a verlo, no se quería enredar en una larga conversación, que, aunque agradable, solo ayudaría para que en ese momento el jóven llegara más tarde a su trabajo.
Y le fué concedido. Aquel caballero de la espalda ancha ocupado en ordenar cajas de productos adentro de un vagón de camión, no se advirtió que quien estaba detrás suya intentando rebasarlo, era aquel agradable jóven en quien pensaba por las noches, uando en su cama daba vueltas sin poder conciliar el sueño. Sintió algo, sin embargo, sintió ese reflejo que inexplicablemente nos dá cuando sin saber el motivo en una calle cualquiera, volteamos a ver a equis lugar y encontramos nuestros ojos con los de algún conocido.

Louis dijo
wuao, que historia, como tu mismo dices para no conciliar el sueño, en fin te cuento que llega el fin de semana y aqui en Colombia el lunes es festivo, así que de pronto no nos vermeos por aqui, sin embargo sacare el tiempito, espero te cuides mucho, un beso inmenso
4 Agosto 2006 | 11:58 PM