Fué de golpe, y uno que por cierto fué muy fuerte. Nos podría enseñar la cama nuevamente por favor. -Fueron las palabras que ese viernes por la tarde el jóven escuchó, sin un previo buenas tardes o un cómo está. Claro que sí, por favor, pasen por acá. -Fué la fría respuesta del joven mientras les dirigía hacia el area de Dormitorios de la gran tienda.
Todos los demás empleados en la tienda se quedaron anonadados, y se veían las caras unos a otros, a excepción de los nuevos empleados, que no sabían la historia; era como si ellos también hubieran sido heridos, y por que en cierto modo, se sentían mal por el que consideraban su amigo, y a nadie le gusta que cosas malas le pasen a sus amigos.
Era, o parecía, así, tomada de la mano del cliente, la esposa de éste. Era gorda y morena, con una mirada y unas maneras que irradiaban inseguridad. Iba tomada de la mano del cliente, la que le apretaba con mucha fuerza y jalaba contra sí. Su pelo era lacio y corto, lo que hacía que sus mejillas se vieran más redondas. Su ropa parecía ser de una talla inferior a la que debería estar usando y los colores tenían una combinación muy alegre, lo que contrastaba con la triste e insegura apariencia en el rostro de ella.
Mira mi amor, esta es la cama, a mí me gustó bastante, y yo creo que sí cabe en la casa. -Dijo el cliente a la que ya no había dudas de que fuera su pareja. Sentáte, probála. -Le dijo, mientras le hacía uan seña de invitación, somatando la cama con la palma de su mano a su lado derecho.
El jóven lo miraba y no lo creía. Su servicio esa tarde fué má bien incípido, y el cliente había notado en su mirada esa confusión que le exigía que le explicara qué estaba pasando.
Por la mente del jóven pasaban ideas de desaprobación hacia la que era la pareja de su estimado cliente. Si bien el caballero no era tan guapo, tenía esa mirada tierna, de niño abandonado, que tanto cautivaba al jóven, y qué hablar del físico generoso que le daba un cuerpo muy sugerente y que fácilmente lo orillaba a uno a pensar en temas puramente carnales.
¡Tiene esposa, no lo puedo creer! -Decía Jeannete al acercarse al jóven en la fuente de agua, en donde éste tomaba con presteza un vaso de agua fría, como para bajarse la impresión. Y tan fea para él, no se lo merece, no siento que hagan buena pareja. -Le decía la amiga, tratando de darle alguna especie de consuelo, ya que aún sin hablarlo, aunque todos sabían de la chispa entre el jóven y el cliente, nadie hacía comentarios abiertamente ya que éste, que era el que lo causaba, no había dicho nada oficial al respecto.
¿Qué tiene? Talvez ella lo quiere, o él la quiere a ella. -Dijo el jóven, encontrando completamente vacías y sin sentido sus propias palabras (al menos él esperaba que así fuera). La cena de ese día no estuvo apetitosa y en la mente del joven habían pensamientos encontrados, tratando de darse una explicación de porqué alguien como su cliente, estáría, al parecer, casado con una mujer tan poco atractiva y falta de personalidad. Más adelante se enteró de que no tenían hijos, aunque ya llevaban un par de años juntos.
Talvez él sólo ha sido amable conmigo, y mi mente me ha traicionado armando castillos en el aire, cuando él en realidad no siente nada por mí, más que una fraternal y sosa simpatía, nisiquiera la atraccción física que yo suponía de su parte. -Pensaba, mientras se apretaba una almohada contra la cabeza, como para tratar de evadir la mente de los recuerdos de ese crudo desencuentro.

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