A veces todavía siento remordimientos por lo que hago; debo suponer que aún funcion mi conciencia.
Si alguien quisiera conocer el estado de mi alma, no debe hacer más que abrir la puerta de mi habitación: Desorden, suciedad, descontrol, falta de disciplina, cosas pudriendose... pero que conste que a veces siento deseos de arreglarlo todo.
Me enoja estar en esta especie de depresión, sin la fuerza para levantarme temprano, sin las ganas de estudiar, abandonado el ejercicio, ropa sin lavar... esto es muy personal; y es que a veces el desorden tabién me acompaña, yo no veo ningúnn pecado en ser un hombre soltero, pero esque ahora aparte de esa anarquía en mi habitación, encuentro que no tengo la fuerza y el ánimo que otrora me acompañara.
Me quejo de tener miedo, me quejo de ser tan débil de espíritu y no confrontar a veces a mis problemas ni a quienes me los causan. He llegado a pensar que yo no soy merecedor de ciertas cosas en la vida, y el solo hecho de saber que yo mismo me doy esa triste calificación, me entristece tanto, porque he pensado que hay cosas en la vida que los demás se merecen, que los demás son dignos de tenerlas, mas no yo, he pensado que yo en ciertos aspectos nací para estar por debajo. Y eso no es cierto.
Me gustaría creer más en mi capacidad, ver la vida con un poco más de madurez, no desmayar ante los miedos, ni ante cutres adversidades que a veces se presentan, pero es que mi absurda sensibilidad se marchita al no poder cumplirle a los demás en aspectos tan variados que nada tiene que ver unos con los otros.
Es el fracaso, supongo, que me encierra y me hunde en un pozo de fango, al cual la culpa misma me hace sentir que pertenezco, por mi maldad, por mis pecados y por mo estar muchas veces a la altura de algunas personas, o circunstancias.
Me olvido que no todo es defectos, me olvido de mis cualidades y de mis capacidades; me olvido hasta que ciertos defectos míos en realidad son encantos. Pero resulta que por ahora mi capacidad de traerme a flote es solo una burbuja, frustrada en su paso por una fuerza que es ayudada por mis culpas, mis pecados personales y la tan cotidiana sensación de fracaso.
Es un alivio decir ésto, como alivio también representa el hecho de que nadie que me conozca se entere de ésto. Esta confesión de mis vergüenzas, que es algo tan personal.
Mas como dijera Oscar Wilde, no es el cura mas es la mera confesión la que nos purifica.
Me iré a tomar café, un beso, adiós.
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