Les digo, que antes no me gustaba que me hicieran mamadas. Yo y mis tantos prejuicios, lo encontraba, simplemente tan decadente, que no concebía la idea de permitir que alguien meta en su boca mi sucio y maligno pene. Pero debo agradecerle a Estuardito (nombre ficticio) haberme hecho recapacitar del mundo de oscuridad en que me encontraba, y ahora, me encantan las mamadas.
Edgar (nombre fiticio) la mama bien, pero no se la traga toda, le falta lamer más, lugar la cabeza con su lengua.
Félix (nombre ficticio) lo hace mejor, para él ver una verga en plena erección es el equivlente a que yo vea una cerveza en tarro. La quiere disfrutar toda, despacio, tenerla en su boca y garganta, y hace un gesto que me provoca gracia: hace como si tuviera pelo largo y se lo agarra para que no le estorbe en su respectiva faena.
Estuardito (nombre ficticio), es, en sus propias palabras "todo un master", nadie la mama tan bien como él, y nadie la disfruta tanto. Si hay hombres que se excitan viendo unas tetas, o viendo culos, yo me excito viendo la cara de Estuardito (nombre ficticio), y me excita la idea de venirme sobre su carita, de lanzar un chorro de semen caliente sobre su cara; él lo lame y lo saborea. Leeré mucho a Freud para saber porqué a este muchacho le gusta que lo insulte mientras me la está mamando. Tratarlo como a una puta, aunque no le gusta que le pegue (lástima). Agarro mi verga mientras me la está chupando y se la paso por la nariz, para que disfrute mi aroma de hombre, luego le pego en la cara, con el mismo instrumento, duro; (dice Edgar [nombre ficticio]) que eso duele. No sé porqué eso le gusta, pero me ha dicho que le excita ser tratado así, y a mí me excita hacerlo, así que, todos felices.
Me falta saber cómo lo hace Alex (nombre ficticio), que ya tiene edad legal para hacerlo, y sé que cuenta con experiencia sobrada.
Otros que lo han hecho bien, han sido aquel taxista (profesión no ficticia) y el extraño que me encontré en un ATM. Recuerdo también que una desesperada noche de sábado me fuí a la zona roja a buscar una puta que me la mamara, pero ya estaba todo cerrado. Como veinte puticlubs, y ninguna perra disponible. ¿Quién le ha dado horarios laborales a las putas? Única vez en mi vida que he tenido el hígado suficiente para requerir los asquerosos servicios de una de ellas, y vaya suerte, que no están disponibles, que duermen, ¿Duermen las putas?. Duermen los políticos, supongo que ellas también.
He fantaseado con que Ricardo (nombre ficticio) el gerente de la empresa para la que trabajo, me haga una mamada. Tiene cara de que lo disfrutaría. Quiero sentir su boca con bigotes lamiendome los huevos, sus ojos cerrados y su cara llena de placer, sin quitarse los anteojos, abriendo bién la quijada para tragarsela toda; quiero sentir que hé llegado a su garganta. Quiero ver su velocidad para metersela y sacarsela de la boca.
Otros más que quisiera que me la chuparan, por el puro placer de verlos con mis huevos en su boca son: Alberto Vazquez (nombre ficticio) mi host, dueño de la casa, Efraín (nombre fictico) y Rudy (nombre ficticio), compañeros de trabajo. También Don Fredy (nombre ficticio) aunque ya tiene cincuentitantos, se le ve en su cara de hombre correcto, que tiene ganas de mamarla, ganas de un hombre, ganas de mí.
Y si yo lo digo, así es, y punto.