Doña Julia
Doña Julia (nombre ficticio) ocupa su diez de mayo (celebrado como el dia de las madres, acá en este país) para vender,de puerta en puerta, sus marañones. ¿Porqué quedarse en casa? Los marañones no se van a vender solos. Hay que salir. Y quizás no sea tanto por el asunto del dinero, aunque el dinero siempre se necesita, y es realmente poco lo que se gana vendiendo estas frutas. Pero por un par de horas en la mañana ella se convierte en una mujer de negocios, que acuerda convenientes precios sobre su producto, con sus clientes.
Doña Julia (nombre ficticio) ha salido de su casa muy temprano en la mañana; recibió el abrazo de los más chiquitos, porque los grandes ya hacen su propia vida, y no se acuerdan que tienen madre, aunque la hayan tenido enfrente esa misma mañana. Ha salido la señora a divertirse, a su manera, y esque el solo hecho de salir de las responsabilidades de la casa, es ya una diversión significativa.
Los niños ya tomaron el desayuno (pan con café) pero esta vez no ha lavado los trastes. Quedará la tarea para otro dia.
De casa en casa, de puerta en puerta; algunos compran y otros no. -¿Cuánto cuestan? -Cuatro por un quetzal, mirelos que buenos están, bien jugosos. -Muy caros, dejemelos a cinco -¿Cuánto me va comprar? -Dos quetzales. -Escojalos pues.
Talvez la señora que hace un momento vi pasar se llama Julia, y talvez su vida es así como me la imagino.
