En un día como hoy, segun los calendarios, estaba yo en mi habitación, muy desesperado, buscando oportunidad para salirme de ahí, mientras era atormentada mi inocente alma con los gritos de mi madre pariendo, en la otra habitación. Nunca había escuchado los gritos de una mujer en el trabajo de parto, solo en la tele, en las películas, pero es algo que ni el mejor duolby sourrund puede igualar. Me apenaba escuchar todo ese dolor que mi madre estaba atravezando, eran unos gritos desgarradores. Yo: un niño de once años queriendo salir de ahí. Y es que la situación de mi madre no era la mejor: no vivía con el papá de sus hijos, sin embargo estaba nuevamente embarazada de él, mientras él evadía su responsabilidad y negaba que fuera de él. Nunca se me va olvidar tremendo acto de cobardía, es lo más bajo que puede hacer un hombre: negar al fruto de sus entrañas.
Ya un par de noches anteriores,durante los nueve meses del embarazo, yo, desde mi cuarto les escuchaba discutir: mi madre asegurandole y tratando de convencerlo de que el hijo que esperaba era suyo. Él, negandolo, tan fácil.
En medio de todo ese mar de negación, y sin una tibia cuna de amor esperandole, nació mi angelito: El bebé más lindo que yo he visto, al principio creía que era un varón, pero luego de ver la contundente prueba de que era una niña,me pregunté porqué había nacido sin pelo como un hombrecito. No abrió los ojos hasta en siete días. Mi madre decidió ponerle como nombre Sharon (asegurnado que lo encontró en la biblia...). Sharon lloraba mucho en algunos dias, y mi madre, con su depresión post-parto, salía al patio trasero de la casa, y la dejaba llorando en la cama. Creo que la maldije en ese rato por abandonar así a mi angelito, que no había pedido venir al mundo, y menos en esas condiciones.
Fué ahí donde me di cuenta que ella sería mi angelito, solo que sería yo quien tendría que cuidar de ella, pero me endulzaría la vida. Nació en una tarde de abril, al rededor de las cuatro y media, no en un hospital, sino en la casa de la abuela, asistida mi madre al parto por una comadrona y por mi tia (una especie de pseudo-comadrona). De pronto los gritos del dolor de esa mujer cesaron, para darle paso al llanto más inocente del mundo: el de esa niña. Yo, entre miedo, inocencia y curiosidad, me acerqué a la habitación y traté de ver por una rendija, solo unos instantes, ahí estaba mi madre rodeada de esas dos muejeres con susabiduría de pueblo, en plena agonía. Me turbé, no me asusté.
Con los días abrió los ojos, y no tenía los ojos azules de su abuelo, le empezó a salir el pelo en la cabezita, y mi madre empezó a aceptarla.
Mi hermana y yo la usabamos para jugar a la muñeca de trapo, y frente al espejo del ropero hacíamos coreografías de aquella canción que dice: "I like to move it, move it. I like to: move it". Lo cual nos provocaba mucha gracia, y que la consideraramos parte de nuestro entretenimiento. Su tamaño era el de algunas muñecas de mi hermana (de las "gordas", no de las Barbies), y siempre dijimos que cuando creciera iba ser muy bonita.
Ahora ese angelito que nació en abril, ya tiene, desde hoy, once años. Está, técnicamente, ya en la etapa de la adolescencia, aunque para mi, será toda la vida una niñita que está aprendiendo a caminar en el corredor de la entrada de la casa, con un moño al pelo, un vestidito color rosa y unas zapatillas que hacen un tic tac al intentar caminar; como quedó en aquella foto.
Ahora, ya va en camino de convertirse en toda una señorita. Hasta provoca fatales cartas de amor de sus novios, en color rosa, impregnadas del perfume del mozo aspirante a galan, en donde le declaran su amor y le preguntan qué es lo que deben hacer para que ella no los ignore, y les brinde su amistad. Tambien lleva un diario personal, el cual mi madre ha encontrado, y según me dijo ha (imprudentemente) leído. Me contó que decía algo así: "Querido diario: Hoy me puse triste porque Fulano (nombre ficticio obviamente) abrazó a la maestra practicante, él siempre la abraza, y yo me pongo celosa, porque quisiera que me abrazara a mí y no a ella".
Ahora ya combina sus zapatos con su ropa, y se peina como diez veces al día, cuando hace un par de años era toda una hazaña lograr que lo hiciera. Claro; si estaba en su etapa de machito, donde no le improtaba no bañarse, usar los primeros trapos que encontrara entre su ropa, y el peine: un enemigo a muerte.
A veces, cuando regreso a casa en los dias festivos, ella llega al sofá de la sala y me despierta con un beso en la mejilla, otras veces, si me despierto antes, voy corriendo a su cama y la empiezo a mover hasta que el terremoto la despierta, o le halo de los pies.
Hubo un tiempo en que yo la dormía contandole un cuento, ahora, un par de veces, se ha dormido en mis brazos mientras vemos Los Simpson, los dias domingos.
Mi angelito estará ahí, siempre. De los años que llevo viviendo solo, su foto es la única que adorna mi cuarto, no tengo otra foto más, de nadie. Llegará el día en que crezca y se enamore de un tipo que se crea su dueño, y talvez algún dia tenga hijos, pero para mi nunca va crecer, porque siempre será el angelito que nació en abril, en una tarde como hoy, con un clima como éste, más o menos a esta hora.
Punto.